Las Mochilas Locas

Granada, 22/8/2019 Aguas termales de Santa Fe

Anoche, después de estudiarnos todos los folletos que encontramos en recepción, nos hemos decidido por visitar unas aguas termales que hay muy cerca de este pueblo y que son públicas.

Antes de ir, leemos los comentarios acerca del lugar. Parece que los balnearios cercanos no están muy contentos con que éste sea totalmente libre y han llegado incluso a echar arena y escombros en las pozas con el fin de taparlo.

Por lo que se ve, no han podido lograrlo porque las opiniones recientes hablan de comunas de hippies viviendo allí y dejando todo lleno de basura.

Como nos gusta ver las cosas curiosas por nosotros mismos antes de poder dar una opinión, pues vamos a comprobarlo con nuestros propios ojos.

Según indican, se puede acercar el coche hasta cierto punto y después un tramo andando (mentira, los coches llegan hasta el borde mismo del agua). Aún así, yo que soy un culo inquieto, insisto a Jose en que si lo hacemos en coche, no vamos a tener mucho más que hacer el resto del día, a excepción de recorrer Santa Fe, y no tiene pinta de ocuparnos mucho rato.

Este bendito me deja salirme con la mía y, carretera y manta, nos ponemos en marcha con nuestro traje de baño y la toalla que hemos cogido prestada del hotel en la mochila.

Esta vez somos precavidos y paramos a comprar un par de botellitas de agua, no nos pase como en Despeñaperros.

Una de las cuatro puertas de Santa Fe

Llegados a la salida del pueblo, tomamos un camino de olivos, seco y de más de soleado. Nos anima el arte callejero y el cuajo que tienen algunos desobedeciendo órdenes legales.

Cientos de olivos después, el camino al fin da un giro que, teóricamente tenemos que tomar. Desde luego no es una senda que parezca transitable para coches. Al menos me sirve de consuelo, porque el camino muy bonito no ha sido.

Se escucha música y hay algunas tiendas con jóvenes tumbados afuera con pinta de estar un poco colgados. Y rodeados de latas vacías de cerveza, bien extendidas por el suelo.

La música viene de arriba, donde hay algunas autocaravanas aparcadas. Seguimos subiendo la cuesta hasta que aparece lo que parece el cogollo del balneario.

La primera impresión que tenemos resulta algo deprimente.

Rodeados de una cuadrilla que no se bien cómo describir, para no ofender a nadie, nos sentimos observados y tras preguntar, continuamos hacia otra poza que hay un poco más abajo y que está vacía.

No creas que las tenemos todas con nosotros al meternos en el agua. Vamos, que me meto yo, porque Jose no tiene mucha intención de arriesgarse.

Algo fangosa al principio, con el típico olor a azufre y algún que otro cristal entre la arena del suelo, el agua está deliciosa. Bastante caliente. Cierto que, con el calor de afuera no parece muy apetecible, pero provoca un fresquito muy agradable al salir del agua

Consigo convencer a Jose de que me acompañe y pasamos medio rato tranquilos, hasta que un abuelo se despelota en la orilla con la clara intención de acompañarnos.

Salimos de la charca y subimos de nuevo al reducto hippie.

Estas aguas surgieron de una perforación buscando otra cosa. Unas versiones dicen que petróleo, otras que agua para riego. El tubo está en una de las pozas de arriba, donde vive un individuo melenudo, canoso y con sus partes nobles en remojo al chorro y en actitud de estar orándole al Eterno. Un espectáculo que no podemos inmortalizar porque el melenas se aparta cuando le pido a Jose que me haga una foto. De las dos o tres horas que pasamos por el balneario, no le vimos cambiar de posición más que en ese momento. Qué desgaste, madre mía.

Cansados de verle las traseras, volvemos donde los quinquis que viven en la entrada y les compramos un par de cervezas. Este señor es un italiano que vive en una caravana, con un caballo y siete u ocho perros. Ha instalado un tenderete que incluye una batería, un sofá decrépito, algunas mesas y muchas moscas.


El hombre nos cuenta que vive de pedir y, por lo que vemos, de vender cervezas en la comuna. La verdad es debe de pedir con mucho estilo, porque le ha dado incluso para comprarse un caballo, al que, por cierto, baña en las aguas termales.

Lo curiosos es que, tanto al caballo como a los perritos que ha recogido abandonados en una cuneta, les da de beber del mismo sitio, dejándola enfriar. La verdad es que huele a azufre, yo no se como los animalillos se la beben. Bueno si, porque no hay otra.

Nos ofrece regalarnos alguno de los cachorritos que son preciosos, y realmente me hubiera llevado alguno si no tuviéramos en casa a nuestra fiera guardiana, que le hubiera devorado.

Al menos, buen corazón si tiene el italiano.

Han elegido la laguna más limpia (ya se ocupan elles de fregar allí los platos para ensuciarla) y el agua está más caliente. A Jose le da grima bañarse pensando todo lo que cae allí, sin embargo, es donde más corre el agua y está más cristalina. Lo malo es en la que nos hemos estado bañando, que recoge todo lo de las de arriba. Prefiero no pensarlo y me doy un par de baños calientes en ésta.

Después de tomarnos otra cerveza caliente del okupa y, cómo no, con todo el calorazo, decidimos que habrá que emprender el regreso.

Invariablemente, nos equivocamos de camino, aunque, por suerte, lleva al mismo sitio. Sin embargo, no cogemos el paso que cruza la carretera por debajo y nos toca jugarnos el tipo saltando los quitamiedos y bajando una cuesta llena de escombro y quemada que aterriza en una apestosa granja. No hay una vez que hagamos la ruta decentemente.

Asfixiados, llegamos a Santa Fe y vamos de cabeza a las terrazas de la plaza, a reponer fuerzas.

El pueblo es muy cuco, al menos la parte histórica, lo que en su tiempo fuera campamento militar, construida siguiendo el modelo de Briviesca (provincia de Burgos), edificándose a escuadra, casi rectangular, cruzada por dos calles principales y en la encrucijada de ambas un amplia plaza de armas (ésta misma, la de las terrazas). En los extremos de la cruz hay cuatro puertas coincidiendo con los cuatro puntos cardinales. Las obras se finalizaron el 2 de octubre de 1491. Su construcción fue fruto de la conquista de Granada, ya que en ella se asentaría tiempos atrás el campamento militar de los Reyes Católicos en 1491 durante el asedio a la ciudad de la Alhambra.

Por otro lado, el 25 de noviembre de 1491, se produce la firma de las Capitulaciones para la rendición de Granada entre el rey Boabdil y los Reyes Católicos; y finalmente, el 17 de abril de 1492 se produce la firma de las Capitulaciones, que permitirían a Cristobal Colón emprender el viaje rumbo al Descubrimiento de América. Con este acuerdo, la Corona accedía a financiar el viaje del Almirante en busca de una ruta hacia las Indias. Durante los siglos que siguieron a estos acontecimientos, Santa Fe gozó de innumerables privilegios siendo una de las ciudades más importantes de la España del Siglo de Oro. Un montón de historia que desconocíamos.

Después de tomarnos un par de las esplendorosas tapas que nos han puesto, nos disponemos a visitar la ciudad.

La iglesia de la Encarnación la tenemos allí mismo, en la plaza.

La Antigua Colegiata de Santa Fe es de estilo neoclásico y está actualmente declarado Monumento Histórico Nacional (Proyecto de Ventura Rodríguez, arquitecto director Domingo Lois, 1785).

Su planta es de cruz latina; la nave central se abre con bóveda de cañón con arcones fajones mientras que las laterales, más bajas, lo hacen con pequeñas bóvedas rebajadas. Su fachada está presidida por las esculturas de los Reyes Católicos.

Luego están las puertas de la ciudad. Sabemos que hay una en cada punto cardinal, pero nuestra orientación no es demasiado buena, así que no tenemos claro cual es cada una.

Sabemos que al sur está la Puerta de Sevilla, que guarda en su interior una capilla dedicada a la Virgen de los Dolores. Al norte, la Puerta de Jaén también conocida como de Los Carros, que tiene una capilla de la Virgen de Belén. Como curiosidad, esta puerta tiene la llamada Santa Escala , que es una escalera de peldaños minúsculos que cuenta con una bula de indulgencia si es subida de rodillas.

Al este, la Puerta de Granada distinguida por su capilla dedicada a la Virgen del Rosario y su cúpula; y al oeste la Puerta de Loja, también llamada de Jerez, muestra una capilla dedicada a la Virgen del Carmen y la que puede considerarse placa fundacional de la ciudad en la que se hace alusión, en letras de plomo, a los Reyes Católicos como fundadores de la misma frente a los enemigos de la fe católica.

El Museo de Culturas Americanas también está en la plaza, pero tanto éste como los arcos están cerrados, por lo que no conseguimos ver el interior de ninguno de ellos.

Se nos ha echado la tarde encima y hoy tenemos jacuzzi en el hotel.

La organización del tema de jacuzzi es un tanto curiosa. Solo se pueden bañar dos personas, por lo que hay que pedir cita. La verdad es que es engorroso conseguir un hueco libre que te cuadre, pero por otra parte, hay que reconocer que lo disfrutas mucho más a gusto.

Se encuentra ubicado en la azotea del hotel, lo que además es un incentivo para poder contemplar la ciudad desde las alturas.

Empieza a refrescar y allí el aire llega directito de Sierra Nevada, digo yo, porque viene congelado. Menos mal que el agua estará bien caliente, pensamos.

Y un huevo. Metemos una pierna y la sacamos inmediatamente con el consiguiente alarido. El agua está congelada y nosotros allí, abandonados en traje de baño. No me apetece nada vestirme y bajar a recepción a decirlo, así que me envuelvo resignada en la toalla, porque no hace ni para tomar el sol.

Jose, más insistente, echa un vistazo por la terraza y encuentra un interfono. Llama y se lo comenta al empleado, que al rato sube y aumenta la temperatura del agua. Pues menos mal.

Ya hemos perdido la mitad del tiempo de nuestro baño, pero al menos resulta agradable y no un suplicio, que a mi eso de meterme en agua fría no me gusta nada.

Después de cambiarnos, finalizado el baño, salimos a cenar algo y callejear otro rato por el animado pueblecillo. Las calles son estrechas y la gente saca las sillas a las puertas para tomar el aire y charlar con los vecinos.

Nuestro tercer día toca a su fin. Vamos al hotel a pensar qué hacemos mañana y a dejar reposar un poco los huesos, que no les damos tregua a los pobres.


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