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Azores. Isla Terceria Dia 5. La Ruta Monte Brasil

Quinto día en Terceira

Aunque nos cueste reconocerlo, estamos cansados. Y no es por las caminatas, sino por el mal tiempo. Lo de pasar el día entre niebla y lluvia nos tiene agotados.


Lo que si tenemos claro a estas alturas es que, mientras que en las zonas de sierra el día permanece encapotado todo el día, en la parte costera luce el sol.


Por unanimidad decidimos que hoy toca sol y elegimos la ruta del Monte Brasil que, además, tiene la ventaja de no tener que coger ningún transporte para hacerlo. Hoy es domingo y no funcionan los autobuses.

Se trata de una ruta circular, que bordea un antiguo volcán y pasa por varios fuertes de defensa. Suponemos que debe de tener unas vistas fantásticas, si el sol tiene a bien asomarse por debajo de las oscuras nubes que llenan el cielo. No, si hoy será el único día que no se cumpla nuestra “predicción” del tiempo.

Aprovechamos para acercarnos a la playa, donde varias empresas organizan las excursiones para ver cetáceos.

En vista del éxito obtenido, continuamos bordeando la bahía y disfrutando tranquilamente del paisaje. Es una ruta corta y no tenemos ninguna prisa. A la vuelta nos pasaremos a ver si ya han vuelto del mar, porque el teléfono tampoco lo cogen.

Según vamos ascendiendo, podemos ver como asoman los Islotes de Las Cabras por detrás del pequeño y coqueto puerto. Aunque un poco negro, está todo precioso y extrañamente solitario.

Avanzando en nuestro ascenso, vamos dejando la costa para encontrarnos con unas viejas murallas y un castillo o fortaleza ocupado en la actualidad por militares. Así que de visitarlo, nada.

Las murallas

En nuestra guía no lo mencionan pero sí viene marcado en la hoja informativa de la ruta. Se trata del Castillo de San Juan Bautista o, por lo que leemos en el cartel, también de San Felipe. Se ve que los santos compartían castillo. Se les haría grande para uno solo.

Nos acercamos a leerlo y nos sorprende ver que se trata de la mayor fortaleza construida por España fuera del territorio continental. Lo poco que podemos ver, desde luego se nota robusto. Se comenzó en 1592 y tiene nada menos que 3 km² de área y 5 km de perímetro. Se destinaba a la protección de los navíos de las Indias.

Aunque la ruta es corta, hay tramos bastante empinados, y empieza a apretar el calor. Supongo que más por el esfuerzo que por el sol. Paramos a tomar aliento y de paso observar la extraordinaria vegetación (hemos leído que tiene varias especies endémicas).

El ascenso también puede realizarse en coche. Para los caminantes hay algunos atajos indicados que, si bien son más cortos, suben casi en vertical, jeje.


Pasado algo más de 1 km, llegamos a la pequeña y sencilla ermita de San Antonio que, como era de esperar, se encuentra cerrada.

Cada vez más acalorados, alcanzamos el Pico do Facho, donde encontramos un peculiar artilugio que nunca antes había visto. Se trata de un Posto semafórico utilizado antaño para comunicarse con los navíos.

Los siguientes 2 kilómetros los recorremos entre bajadas y subidas que bordean el cráter del volcán hasta llegar a uno de los parajes más bellos del recorrido, el Forte da Quebrada. Para llegar a él hay que desviarse unos metros del sendero principal, y parece que no está muy concurrido, porque las hierbas están muy altas y el camino casi desaparecido.

Vista del cráter del volcán


Sin embargo, merece la pena y pasamos un buen rato allí, no por los restos del viejo fuerte, sino por la panorámica que tenemos ante nuestros ojos. El inmenso océano, las escarpadas rocas y las aves que nos sobrevuelan, nos tienen embelesados.

El paraíso se termina al instante que unos ruidosos excursionistas rompen la magia irrumpiendo en el fuerte como una manada de elefantes en estampida.


Salimos de nuestro momento zen y retornamos al camino que continua dando la vuelta al cráter y que nos llevará al Pico das Cruzinhas, donde conservan algunas piezas de artillería antiaérea de la Segunda Guerra Mundial.

Desde este lado, la caldera tiene mucha mejor vista y un mirador donde un letrero nos da una explicación acerca de la formación delMonte Brasil, tras tres erupciones.

Como nos sobra tiempo, lo dedicamos a recorrer las calles de Angra. Es, realmente, un pueblo muy acogedor y bonito.

Después fuimos a comer y de nuevo nos acercamos a intentar contratar la excursión de los cetáceos.


En esta ocasión si encontramos a alguien en la oficina, sin embargo, nos avisa de que el tiempo no está bueno y que en esta época, lo más probable es que veamos delfines únicamente.


A pesar de que nos gustan mucho estos animales, el pronóstico no es muy bueno y resulta algo caro. Aún así, le dejamos el teléfono por si el tiempo mejora y lo podemos aprovechar.

Entre paseo y paseo, descubrimos algunas tiendas con calzado deportivo de marca a buen precio y, tras varias incursiones, terminamos comprando un par de Nike bastante económicas.


Toca ir volviendo al hotel. Al menos hemos tenido un día sin lluvia, que es de agradecer.

En el suelo leemos esta inscripción. No entiendo portugués, pero la primera frase me llama la atención. Ciertamente, todo merece la pena, y aún más conocer lugares nuevos.


Ha sido un día agradable y algo más tranquilo pero, a pesar de todo, nos sentimos cansados y un rato de relax viene muy bien.

Así queda la ruta de hoy:


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